Reviven Courtois y el Madrid
En tiempos de cambio climático, los veranos van a más y los infiernos a menos. En el de Estambul no ardieron el Madrid ni Zidane. Fue una noche redentora para Courtois, de feliz iniciación para Rodrygo (de juego más reposado que Vinicius y más cooperador en la recuperación) y de confirmación para Valverde. El resto lo pusieron el oficio del Madrid, segundo ya, en una competición que tantas veces empezó siendo puerta de emergencia y acabó siendo puerta grande y la sabiduría de Kroos y Benzema. Hazard continúa en cuarentena.Aplicando el principio de que para los grandes partidos están las grandes decisiones, Zidane se echó al monte poniendo a Rodrygo. Su primera titularidad en el primer partido crucial del curso. Con el vicejuvenil brasileño, al que no arrugó el escenario, esta vez el Madrid sí se dio un buen madrugón en el partido. A los diez segundos ya estaba en el área del Galatasaray, un equipo insensatamente alegre que va por Europa sin guardaespaldas y que no ganará está Champions ni las cien próximas. Salir así fue el alegato de Ramos, antes muerto que sencillo, en la víspera y del equipo en el Ali Sami Yen. Zidane también metió a Valverde, energía renovable, como volante avanzado y ordenó apretar la primera salida de pelota del Galatasaray. Nada que ver con la pereza de Mallorca, desde la alineación a la predisposición, aunque sonara la alarma en dos desatenciones clamorosas.
Terim, uno de esos sabios a los que un equipo o un país acaba volviendo
siempre, colocó muy arriba a Babel y Andone, que al espacio, su fuerte,
encontraron superioridad en el desmarque. Courtois invalidó los dos remates francos del rumano en las dos primeras paradas de mérito en meses.
Repitió más tarde ante Belhanda. El belga iba a la cabeza del pelotón
de señalados y la noche le sacó del bucle. Fue el portero que exige el
Madrid, aquel al que se le pide remediar lo irremediable. Pero apelar
demasiado a él dejó el mensaje, de nuevo, de que el Madrid se desprotege
demasiado atrás.
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